domingo, 24 de junio de 2012





  Me hiciste sentir como una Cenicienta en Manhattan  cada vez que tus brazos me rodeaban, me desperté por la mañana y la puerta del balcón estaba abierta; la cama estaba llena de pétalos de rosas, y hasta entonces, todavía estabas tú allí afuera fumando tu pitillo de mañana, me acerqué a ti y todo empezó como una explosión de fuegos artificiales, como si el tiempo se parase. Gracias por tu presencia, puede que algún día sea demasiado tarde para darnos cuenta.

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